martes, 8 de enero de 2019

Abracadabra


     Este indescifrable pero vibrante vocablo un lujo de sonoridad y acumulación de letras “a”es mágico. Se le llena a uno la boca al pronunciarlo, tanto como obliga a ahuecarla. Dicen que lo puede todo, que es capaz de desencadenar insospechados prodigios. Llama al milagro, al que hace acudir enseguida y sin remilgos.
      Abracadabra es, sobre todo, un conjuro cabalístico. Una especie de atajo para con él llegar a donde se desea y conseguir lo imposible. Especie de varita mágica inmaterial. Nos recuerda que la vida de los animales con conciencia que somos sería insoportable sin amuletos, reliquias y toda suerte de prejuicios fantásticos. Ese es su principal hechizo, el de atraer la ayuda de los espíritus y del mismísimo azar.
      Es un ejemplo de palabra todopoderosa, tanto que sirve al prestidigitador, y en los juegos de magia en general, como por el supuesto poder curativo y capacidad de espantar el mal agüero. No deja de ser curioso que de lo pasmoso y aterrador se diga que es abracadabrante.
      Se trata de una palabra más poderosa de lo que quienes la manejan llegan a soñar que serán, tal vez por eso  al pronunciarla ahuecan reverencialmente la voz, impresionados por su alcurnia y abolengo espiritual.
      Abracadabra, en fin, es una encumbrada y extraña palabra que, por lo que pudiera pasar, conviene tener siempre al alcance de la mano; mejor aún, en la punta de la lengua. Por si las moscas.

Carmelo Carrascal


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